Ofrecemos un tema de investigación que analice:
Una sociedad no puede subsistir sin unidad, ni España sin unidad en la que la hizo -la Unidad católica-, ni los gobiernos propugnan la desunión dentro de su partido partitocrático, sino la del resto para imponerse sobre ellos.
Con engaño se perdió -mediante entrega- la Unidad Católica en 1967, en tiempos del jefe de Estado Francisco Franco, siendo responsables de ello los católicos liberales que estaban a tono con el "qué dirán".
Con un imposible metafísico y tramposo se impuso la Unidad liberal en 1978, al suponer que todas las ideas, creencias etc. tienen el mismo derecho civil con independencia de su catadura moral y religiosa, y con independencia de la autoridad del definidor (el individuo soberano o una autoridad previa y externa).
No digan que las ideas son una abstracción: quien se refiere a las ideas se refiere a los hombres con tales ideas. El igualitarismo de las ideas es directamente deletéreo de la vida social y no lo practica nadie, incluidos los mismos librepensadores. Dar por bueno este igualitarismo vulnera el orden moral, porque, a veces se puede prohibir con la ley, más allá de si el Estado tiene o no jurisdicción en cada caso.
Separar totalmente lo civil de lo moral y religioso es propio del Liberalismo, que antepone siempre y sistemáticamente el dejar hacer y dejar pasar todo y a todos -para más Inri hipócrita salvo en lo que prácticamente todos estén de acuerdo-, como si el poder civil debiese de ser "neutro", ocuparse de lo exclusivamente temporal, y pueda ignorar la existencia ocasional de leyes orientativas y no punitivas. La ley tiene una doble función, orientar y penalizar si fuese necesario. También como si lo justamente punitivo pudiese separarse de la autoridad de Dios como valedor último, se prescinda de que el mal o desorden moral hacen mucho daño aunque aparentemente y por el momento no se sienta, y se considere que los acuerdos humanos y no la ley de Dios deben ser el Norte de la vida social.
Es un engaño fundamentar que todas las ideas y expresiones valen, en que seamos iguales ante la ley, porque la ley no puede se igual para todos si -a modo de ejemplo- a unos penaliza y a otros no porque no dan motivo a ello. De ahí que cuando castiga deba hacerlo con autoridad moral, y no con la fuerza del número o bruta. Por lógica de las cosas, este engaño que vacía la ley de valor moral, ha conducido a desarmar la civilización del bien, a imponer el mal por ley, e incluso a obligar por ley a la realización del mal.
Aunque se reconozca que el error no tenga derechos ni a la existencia ni a la acción, afirmar que quien yerra tiene siempre inmunidad de coacción, no sólo significa que el poder civil no debe absorber todo, sino ignora también que el mal hace daño, mucho daño, y cuando es grave debe ser prohibido.
Para marcar más diferencias con el Liberalismo, se puede advertir que la represión realizada por una ley buena o justa es mucho más suave que la represión efectuada por una ley mala o injusta.
Con opresión, mentiras y deseos de destruir España se llegado a la unidad de cada nacionalismo periférico y la insolidaridad por hartura del mismo del resto de las Comunidades.
Con opresión se llegará a la unidad musulmana -la imposición de la sharia sarracena-, por odio del "progresismo" a todo lo cristiano y por el triunfo de la comodidad de cementerio del aburguesado de derechas o izquierdas. Tiempo al tiempo, porque la masonería y el "progresismo" se llevaron bien con la cultura musulmana.
En conclusión: unidad católica o reblandecimiento y hasta destrucción de España
Ramón de Argonz
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