Estamos ante una tragedia por las consagraciones episcopales con prohibición expresa del Santo Padre el Papa. Si un obispo ordena a otro como obispo sin permiso del Papa, la ordenación es válida pero gravemente ilícita, tanto que se cae ipso facto en excomunión.
Además del mal en sí mismo,
lo hecho puede arrastrar a muchos que en su vida cristiana buscan claridad y
subrayan el madero vertical de la Santa Cruz. Juzgar el tema es fácil para un
católico no apasionado–basta leer el Catecismo y lo que se dice del Primado de
Pedro-, pero también es delicado, sobre todo cuando hay personas de buena fe
que pueden tomar una decisión trágica o al menos caer en el desasosiego y la
desesperanza.
1- ¿En qué tobogán
sumamente inclinado se han deslizado algunos durante décadas? Sospecho que de
algo bueno en su origen, cualquiera puede llegar a extremos inadmisibles de
caer en la exageración, la imprudencia, dejarse llevar por cierto temperamento
complicado, y la falta formación por muy buena intención espiritual que se
tenga. Unos ejemplos:
La defensa firme de algo
puede desembocar en un espíritu de protesta generalizado, protestando de casi
todo, fijando la mirada en lo negativo para hacer extrapolaciones, y sacando más punta de la debida.
La defensa firme de algo puede
caer en una alteración del pensamiento, inquietándolo en exceso, buscando
incluso a saber más de lo debido y explicar hasta el sexo de los ángeles.
Una defensa firme puede
terminar, si hay mucha pasión, en explosiones indebidas.
El aislamiento como
salvavidas, puede conducir al ghetto, y ha terminado en un Cisma.
Cultivar la desconfianza en
los demás, puede amplificar ésta y extenderla al mismo Cristo cuyas obras hoy
“no vemos”, como si Él no velase por la Iglesia y prometiese la Gracia a Pedro.
Afirmar verdades al margen
de la autoridad pontificia, es desconfiar de ella, hasta caer en el libre
examen, a modo de autoservicio de bienintencionados.
Trasladar a todas las
autoridades de la Iglesia los excesos modernistas de una parte de ellas, como
se hizo en el acto de consagración cismática, conlleva una injusticia y una
total pérdida de credibilidad. Acusar de dureza a las excomuniones –y no
decimos que no la tengan- supone –si se es honrado y lógico- acusarse antes a
sí mismo por acusar antes a toda la iglesia de espíritu modernista, lo que supone
una excomunión.
2- Parecía impensable, pero se ha caído en errores doctrinales.
Se ha quebrado el Primado petrino,
pues la institución de obispos es de derecho divino. La Unidad en la Verdad, advierte
que en ésta última se encuentra el Primado de Pedro.
Se cae en el modernismo que
se dice combatir, porque si la Tradición no reside en Pedro sino en un grupo de
la Iglesia, Cristo se equivocó cuando dijo que el Espíritu Santo asistiría a
Pedro hasta el final.
La Iglesia no es una
estructura sólo humana sino que en Ella Reina Cristo, Ella es la Esposa de
Cristo.
Se insiste en la salvación
de las almas, pero, ¿quién interpreta cómo se salvan las almas?
Se puede no ser
inicialmente cismático y tener serios problemas disciplinares, y desembocar
finalmente en la negación práctica la autoridad del Papa. Se puede decir una
cosa pero hacer otra; no querer hacer “eso”, pero haciéndolo. Se puede decir
que se está con el Papa pero no practicarlo. Este “truco” muy contradictorio
nos debe abrir los ojos. No se puede frivolizar sobre “un pecado de extrema
gravedad” señalado por León XIV.
No es cierto que “ellos” sean el Arca de Salvación,
ni la garantía de ella, sino que esa característica constitutiva corresponde a
la Iglesia universal.
Dicen que no desean formar
otra Iglesia pero actúan construyéndola como una organización (tribunal
canónico sobre el matrimonio etc.).
Se cae en una
protestantización del llamado “tradicionalismo”. Se imita a Lutero que presentó 95 tesis antes de la ruptura –ellos
han presentado otras más-, cayó en el purismo, dijo buscar la Iglesia
primitiva, traspasó cualquier línea roja, llegó al libre examen, absolutizo la
conciencia individual, empezó con cierto espíritu de capillita, para pasar al
ghetto, secta/s…
Se cae en el relativismo.
Cierto es que no se puede obedecer una disposición inmoral. Sin embargo, hay
otras disposiciones opinables de autoridad o bien que afectan a la prudencia
que aún conllevando una injusticia sin embargo son lícitas, y hay que obedecer.
Otras disposiciones son de jurisdicción. De hecho ningún santo desobedeció al Papa.
Por ejemplo, al Padre Pío le prohibieron injustamente
celebrar la Santa Misa y confesar durante 11 años, y obedeció. Desde luego, si
yo no obedezco, otros pueden hacer lo mismo, creándose un caos en caso de
obedecer la propia conciencia como norma suprema.
Del exceso se ha caído en una falsa Tradición católica, en un falso tradicionalismo (que los -ismos no gusten hoy, no por eso no deben gustar nunca; ahí tenemos el término cristianismo, catolicismo etc. como cuestión gramatical).
3- Se actúa con suma imprudencia porque:
El “artículo de grave
necesidad” no se aplica porque la autoridad del Papa está presente, además ha dicho expresamente “no lo hagáis”
(las consagraciones episcopales).
No puede hablarse de un
agravio comparativo en cómo el Vaticano trata a los modernistas y los
tradicionalistas, porque es con la desobediencia al Primado de Roma como nos
buscamos la excomunión. Los modernistas, más astutos, se quedan aparentemente
“dentro” mientras dirigen la pedrada contra los que se autoexcluyen púbicamente
de la barca de Pedro. Así pueden blanquearse a costa de otros. Los modernistas
(que en realidad son herejes) estarán encantados con el Cisma de otros, porque
eso les permite blanquearse ante los fieles, lavarse las manos con astucia
serpenteante y aumentar sus formas crecidas y vociferantes.
La Iglesia debe ser ayudada
como Ella quiero serlo, no rompiendo la túnica inconsútil de Nuestro Señor.
Ningún particular o grupo puede
señalar qué es un medio extraordinario de pastoral, pues, por ser
extraordinario, debe consultarse a la Suprema Autoridad que es el Papa.
El “caso chino” no es
equivalente al de Lefèbvre porque aquel fue fundado por el Partido Comunista
chino, y la FSSPX por un obispo católico.
Se olvida que soportar con
heroísmo el agravio comparativo que efectivamente y a simple vista a simple
vista existe en la dureza de Roma hacia los de lefevrianos por un lado, y la excesiva tolerancia hacia los modernistas
que defienden herejías por otro, sería el mayor ejemplo que se puede dar a la
Iglesia universal, la mayor repulsa al modernismo, y la mejor forma de
desmontar los errores y soberbia del llamado modernismo. ¡Qué grave mal produce
y ha provocado la excesiva tolerancia con el mal modernista que destruye la Santa
Iglesia!
Nicola Bux ha presentado
una solución para evitar que muchos se vayan con los cismáticos con el pretexto
de evitar la confusión: 1) Liberalizar el rito llamado tradicional, c)
Responder a los 4 dubia que ponen la
atención en hoy sigue existiendo el pecado objetivo, 3) acabar con el camino
sinodal alemán.
Bien está recordar que cada
uno de los miembros que siga o esté tentado en seguir la senda trágica de la
ruptura y el cisma, debe ser tratado con caridad y amor, sin alegrarse lo más
mínimo por la excomunión o la posibilidad de ella, sin responder con burlas o
desprecio, y rezando por su pronta reconciliación y la unidad.
José Fermín Garralda Arizcun




