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Hemos recibido
de la asociación El Criterio el siguiente enlace, que hacemos extensivo a
nuestros amigos:
https://www.elcriterio.es/2025/08/27/muy-ilustre-y-rvdo-don-jose-ignacio-dallo/
Con su permiso
recogemos el artículo de nuestro interés.
Muy Ilustre y
Rvdo. Don José Ignacio Dallo
Doctor -
Confesor - Apologeta
No podía faltar
el testimonio clarividente, agradecido y elogiosamente elocuente de un
sacerdote íntimo amigo de don José Ignacio Dallo, personalidad relevante en la
pastoral católica, pedagógica, periodística y difusora de la eterna doctrina
salvífica, seguidor de quien es “el Camino, la Verdad y la Vida” del Dios Uno y
Trino, humanizado en la figura de Cristo, Nuestro Señor, con su fundación de la
revista “Siempre P´Alante”, por la Unidad Católica de España.
Don José
Ignacio, recientemente fallecido a sus 90 años; como doctor (en la fe
sobrenatural), fue Catedrático de Lengua y Literatura en el Instituto Ximénez
de Rada y Jefe del Departamento de Lengua, uniendo su docencia con la difusión
valiente de la doctrina revelada y fiel a su sagrado deber sacerdotal, doctor
en lo humano y lo divino.
Como confesor,
pasó por los sufrires de los picotazos de una jerarquía clerical cobarde,
convertida al pilatismo cómodo y traidora en la contemporización con los
modernismos vaticanistas, liberales y protestantizantes ya anunciados en el
Tercer Secreto de Fátima.
Su valiente
denuncia ante la nulidad de las absoluciones colectivas, anatematizó la
práctica comodona y desvinculada del servicio a las almas en la dirección
espiritual de la correcta conciencia moral del sacramento de la penitencia.
Don José
Ignacio fue tan fiel, recio y firme en su misión sacerdotal, como digno de
encarnar el etimológico concepto de San Fermín.
No llegó al
martirio -como el santo pamplonés-, pero sí pasó por el sufrimiento del
confesor saeteado por sus propios jerarcas, que le impidieron llegar a Obispo
-como el santo pamplonés-, quedándose en Canónigo… depuesto.
Como apologeta,
líder de la fidelidad al dogma, enamorado de Jesucristo, su Iglesia y la Virgen
del Pilar, amando la verdad y la justicia.
Y es que la
Verdad es Una (en pura filosofía aristotélica) tiene que ser Buena y Bella (en
pura filosofía escolástica).
Don José
Ignacio atacó los desvaríos doctrinales ante las tibiezas disciplinarias y las
complicidades por comisión u omisión, contra los males que hoy nos denigran
como sociedad supuestamente perfecta, en la que nunca con tantos medios, ha
demostrado ser tan inútil.
Como apologeta,
su muro doctrinal fue la realización de las Jornadas para la Reconquista de la
Unidad Católica de España, impulsoras del combate ideológico contra los
enemigos de Dios, de las Patrias y en concreto de España; ya iniciadas en mayo
de 1989, en memoria del III Concilio de Toledo del 8 de mayo del 589, que forjó
la catolicidad española, tras la consabida unión de la comunidad hispano-romana
con la hispania visigótica, bajo la conversión de Recadero, abjurando de su
arrianismo.
Lo esencial de
estas Jornadas se puede resumir en la relevancia del amor a Dios sobre todas
las cosas, base de todo otro mandamiento. Debatir posibles temas que aclaren la
pureza de la doctrina católica y aplicación de esa doctrina tradicional e
inmarcesible a los tiempos actuales, con plena fidelidad. Hasta la fecha, se
han celebrado ya XXXV ediciones.

Don José
Ignacio estuvo devorado por “el celo de la casa del Señor”, en estos revueltos
tiempos en que el dogma católico, como todo dogma, molesta, se relativiza, se
discute o se niega teórica o prácticamente, volatilizando las convicciones más
fundamentales del ser humano, llamado nada menos que a la trascendencia de lo
eterno, como hijo adoptivo del Padre, que nos invita a la religiosidad
constante de nuestra unión con Él, en el trato confiado de hijos leales y
agradecidos a las gratuidades, dones y misericordias amorosas de quien es
principio y fin de todo lo creado y objeto del primero de todos los amores
imaginables entre las sabias jerarquías existentes.
Tuvo el carisma
providencial para la defensa del bien luminoso, fortaleciente, esperanzador y
glorificante de la Iglesia, la única que merece el título absoluto de religión
(en singular), pues el plural (religiones), solo son credos filosóficos o
mitológicos de la imaginación humana, ignorante de la revelación divina y por
ello, falsas religiones, apostasías, intentos incluso bien intencionados de
cumplir con esos deberes intuitivamente naturales de conectar con ese deber
soberano, que el hambre espiritual del humano supone como existente.
Me falta
comentar tanto sobre este discípulo eximio de Cristo, que le dedicaré otro
artículo más personalmente emotivo y doctrinal en su semblanza ejemplarizante.
Don José
Ignacio fue el varón prudente que “edificó su casa sobre roca”, y nos contagia
con su don de la sabiduría, seguida del entendimiento que lleva al buen consejo,
a la ciencia del santo temor de Dios en la piedad unitiva con la
bienaventuranza de lo eterno, porque lo verdadero es eternamente nuevo.
¡“Réquiem
eternam, dona ei domine, et lux perpetua luceat ei”!
Jesús Calvo
Pérez
Párroco de
Villamuñio, León