Bienvenido, S.S. León XIV. Le esperábamos. Le necesitamos hoy más que nunca. Nos han hundido pero no estamos acabados. Desde la pérdida de la Unidad Católica en 1967, todo se ha ido viniendo abajo, poco a poco pero irremisiblemente. Se perdió el anclaje de España, los clavos que nos fijaban al sagrado Madero, y yacemos a los pies de la Cruz como las tibias y la calavera de Adán que, no obstante, el Crucificado dio Vida para que no muramos de nuevo. ¿Y a pesar de ello hemos aceptado las opiniones antinaturales de nuestros gobernantes, la partitocracia, del gran capitalismo mundial y de cualquier lobby o grupo de presión? Una y otra vez nos han dado gato por liebre.
España y los españoles no son lo que parece al primera vista. Hay mucho más bueno que malo, seguimos siendo tierra de María y madre de un nuevo Continente que reza y habla en español, pero los considerados "buenos" -bueno sólo es Dios- han dejado circular libremente al mal desde hace tiempo, al maligno, concretamente desde la expulsión a Dios de la Constitución.
¡Qué razón tuvieron aquellos nueve Pastores que dieron la voz de alerta en 1978! Y desde luego, otros la iban dando antes. Nos referimos a Don Marcelo González Martín, Arzobispo de Toledo, que en 1978 alideró un documento clarividente y profético con el NO a una Constitución laica de ruptura con los mil cuatrocientos años de confesionalidad católica del III Concilio de Toldo, obteniendo la adhesión inmediata del Arzobispo de Burgos, García de Sierra, y de los Obispos Peralta de Vitoria, Castán de Sigüenza, Guerra Campos de Cuenca, Franco de Tenerife, Temiño de Orense, Mansilla de Ciudad Rodrigo y Barrachina de Orihuela-Alicante.
No veían cómo proponer una Constitución agnóstica a una nación de bautizados y creyentes de veras, podía conciliarse con "el deber moral de las sociedades para con la verdadera religión", reafirmado por el Concilio Vaticano II. Nueve fueron aparentemente pocos, pero prefirieron la verdad, que situaron por encima de la política temporal -en España, desde finales de la vida de Franco como jefe de Estado, el clero ha hecho mucha política diciendo que en absoluto la hacía- , por encima del qué dirán y sobre los auspicios de la Secta infiltrada en muchos lugares.
Su Santidad, le pedimos humildemente que nos libre de nuestra esclavitud y sometimiento a los señores del mundo -quienes dicen que así somos libres-, y a las élites que desde hace tiempo quieren dominarnos del todo, lo que se refleja en la podredumbre generalizada, en el arrojo con el que el mal y el Maligno vulnera los derechos de Dios y los hombres, siendo muchos de nosotros cómplices por subordinarnos al qué dirán, a la moda o al interés.
S.S. León XIV, en nombre de N.S. Jesucristo, líbrenos, señor.
José Fermín Garralda Arizcun
Secretario de la Unión Seglar de San Francisco Javier
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